martes, 12 de agosto de 2008

LA SUPUESTA MODERNIDAD DE CHINA

Se habla mucho estos días de la China moderna. Se comenta y se escribe que los Juegos Olímpicos tratan de ser la presentación en sociedad de su modernidad.

Si hablamos de modernidad refiriéndonos a la China de los tiempos actuales, sí podemos considerarla como la China moderna, en comparación con tiempos anteriores no muy lejanos, pero una nación nunca podrá ser moderna, en el más amplio sentido de la palabra, viviendo bajo un régimen comunista totalitario porque, demostrado está, eso ya es arcaico en sus propias esencias.

La espectacularidad de la ceremonia de inauguración de los Juegos no estuvo exenta, a mi entender, de los síntomas y estigmas que un sistema represor imprime en sus súbditos que deben moverse y respirar al ritmo y a las órdenes que se le imponen, como una maquinaria perfectamente coordinada. Este tipo de magnas ceremonias sólo son posibles en regímenes totalitarios como la Alemania nazi o la Rusia soviética y, en los tiempos actuales, en naciones de las mismas características como la propia China, Corea o Cuba, por citar sólo a algunas.

China, según recoge su propio texto constitucional, es un Estado socialista, bajo la “dictadura democrática” (¿habrá mayor contrasentido?) del pueblo dirigido por la clase trabajadora y fundado en la alianza de trabajadores y campesinos. Nada más ni nada menos.

Al pueblo y al trabajador siempre se los ha manipulado por este tipo de regímenes. Siempre se ha buscado escudo en ellos y, paradójicamente, el pueblo y la clase trabajadora son los que menos cuentan para los inspiradores de la doctrina de estos peculiares estados.

¿Qué pinta el pueblo en un país comunista, cuando no se le permite opinar ni alzar la voz? ¿Qué pinta un pueblo cuando no se le permite trabajar, sino que se le obliga? ¿Qué pinta un pueblo que cuando reclama medidas contra la corrupción política, es salvajemente reprimido, como ocurrió en la plaza de Tiannamen? ¿Cómo, en definitiva, la Constitución de un país puede alardear de que está dirigido por la clase trabajadora, cuando a esa clase ni se le pregunta ni se la escucha?

Sí, es cierto que en China se permite la propiedad privada y que el país se ha integrado en la economía de mercado, pero no es difícil comprender que son medidas dictadas por la experiencia del fracaso de otros países regidos, durante décadas, por sistemas comunistas que en todos esos años no lograron el más mínimo despegue económico ni de bienestar social. La economía de mercado, según han podido llegar a entender, es como la democracia, puede no ser perfecta pero, hoy por hoy, es el mejor de los sistemas.

La reforma del sistema político chino, no forma parte en la actualidad de la agenda de prioridades del Gobierno. En junio de 2007, el Presidente Hu Jintao afirmó en la escuela central del Partido que “desarrollar la democracia socialista es nuestro objetivo a largo plazo”.

Dentro de este contexto, hablar de una China moderna es hablar de un espejismo en el desierto. Podemos creer que vemos algo pero no está ahí realmente.

Pero quizá, intereses de todo tipo aconsejan calificar a China de moderna. Esa es la miseria de esta Humanidad. También es muy moderno, llamar a la crisis, recesión y a las señoras, miembras. Son los tiempos, lo moderno, lo “in”.

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