martes, 15 de julio de 2008

El genocidio sudanés, a juicio

Foto: OMAR AL BASSHIR, PRESIDENTE DE SUDÁN

Ayer, el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno Ocampo, solicitó formalmente una orden de arresto contra el jefe del Estado sudanés, Omar Al Basshir, por genocidio, crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad cometidos, supuestamente, durante los últimos cinco años en la región de Darfur.

Más de 400.000 muertos y millones de desplazados, son las cifras que avalan esta solicitud de arresto que viene a constituir un precedente que, a futuro inmediato, dará que hablar y creará lugar a comparaciones con otros jefes de Estado o de Gobierno e, incluso, a la contraposición de actuaciones gubernamentales del pasado y del presente.

Lo que es indudable es que algo había que hacer ante horrores como los padecidos por determinadas etnias que conforman, o conformaban, la población sudanesa, y que masacres de este tipo no deben quedar impunes a la ley natural y a la justicia de los hombres.

Existen ¿personas? en este mundo que nos ha tocado en suerte, que necesitan la sangre y el horror para sobrevivir, lo mismo que la tierra necesita agua y fertilizantes. Para colmo, estos monstruos, llegan, en muchos casos, a ocupar la más alta magistratura del país en el que nacieron. El poder les facilita el desarrollo de sus instintos depravados.

Son auténticos depredadores inhumanos. Auténticas hienas del desierto que no se sacian ni con mares de sangre y, la humanidad que también falla y camina, consciente o inconscientemente, hacia el abismo, debe tener momentos de lucidez y tratar de detener las masacres de los pueblos, actuando, si es preciso, con autoridad y sin complejos, contra los más altos dignatarios de los países que se han acreditado merecedores del repudio y del desprecio de esa parte de la población que aún conserva algunos de los sentimientos más humanos.

África, es caldo de cultivo para que reyezuelos de la edad de piedra para los que sus súbditos constituyen una simple masa de “caballerías de tiro”, cuya finalidad es servir como esclavos a su señor, y morir cuando sus facultades ya no sean propicias al capricho y al servicio ciego de sus tiranuelos.

Pero, la medida tomada contra Al Basshir, amén de justa, no vendrá a arreglar los gravísimos problemas de estas naciones que “viven sin vivir en sí”. Se irá Al Basshir y llegará otro, igual o peor. Se disfrazará de cordero pero seguirá siendo lobo y hiena carroñera.

La solución de los pueblos africanos y de otros continentes, tiene que llegar de manos de la justicia, de una justicia “justa”, como a mí me gusta decir, pero, fundamentalmente, de manos de la cultura.

Puede ser un proceso largo, pero cuanto más se demore su implantación, más y más cientos de miles de seres humanos seguirán muriendo por el capricho de sus jefes, que no alcanzan a albergar en su corazón los básicos y naturales sentimientos que, sin que nadie se lo haya enseñado, albergan los que los humanos ¡pobres de nosotros! , llamamos “animales”.

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