martes, 14 de julio de 2009

LA CHAPUZA DE LA FINANCIACIÓN AUTONÓMICA

"Las ganancias mal logradas reportan pérdidas" (Eurípides)



La forma en que se está llevando a cabo el reparto del dinero para la financiación de las comunidades autónomas está levantando la esperada polvareda, inevitable ante los criterios aplicados por el gobierno Zapatero para la distribución de los recursos que vendrán a financiar las inversiones autonómicas.

Zapatero está haciendo a la perfección el papel de sátrapa que, en definitiva, a parte de un auténtico jeta (calificativo que ya le he aplicado en diferentes ocasiones) es lo que es. Un sátrapa disfrazado de demócrata que sólo atiende los deseos y los caprichos de quienes le siguen y le votan, dejando, vergonzosamente, de lado a la otra media España que tiene en estos momentos la desgracia de no compartir sus desvariados criterios políticos.

A Zapatero España en su conjunto, como entidad nacional, le importa un pito. Nunca le ha importado y no se ha escondido nunca para dar buena muestra de ello. Por eso, en este importante aspecto de la financiación autonómica, sigue los mismos criterios y la misma filosofía que ha venido empleando a lo largo de sus gobiernos: salvar los papeles entregando dineros y prebendas a los suyos, a los que le van a permitir seguir en la poltrona a él y a su partido que, en definitiva, es lo que, exclusivamente, le interesa.

Nunca estuvo entre sus objetivos mejorar, en lo posible, la gestión de anteriores gobiernos, ni socialistas ni populares. Esa no es su guerra. Por eso pone el ejemplo de que también Aznar pactó la financiación de Cataluña con CiU en el año 1996, porque eran el apoyo necesario para un gobierno en minoría.

Él toma nota y sigue los mismos parámetros. No le importa si fueron correctos o no lo fueron. No quiere mejorar la gestión, no le interesa. No le interesa y, además, no tiene reparo en reconocerlo.

Que al gobierno socialista le faltan apoyos en las cámaras para gobernar a su antojo, es notorio. Pero eso se soluciona con dinero. Con dinero de todos los españoles. Los votos, como los futbolistas, están en el mercado a la espera de los cheques sustanciosos. Son caros ambos, pero para esto siempre aparece el dinero.

Por eso Zapatero, no tiene empacho en admitir que el acuerdo con Cataluña le dará estabilidad parlamentaria. Una estabilidad que es lo único que le importa, y una estabilidad que se paga a precio de oro, a costa de las comunidades no afines, o de las inoperantes y de gobiernos despreciables, como es el caso de Asturias, que aún no sabe ni lo que le van a ofertar. Cuando lo único que se persigue, desde un gobierno, son intereses personales o de partido, ocurren estas cosas.

Tampoco importa que, una vez de haberla tragado doblada, te hagan la trompetilla los que te han sacado la pasta a cambio de los votos y que, como Puigcercós, líder de ERC, se esté jactando, descaradamente, de haberle plantado cara al Estado y haber ganado. Eso, para un gobierno sin decencia, no es importante. Lo importante es, como decía antes, contar con holgura parlamentaria para seguir cometiendo tropelías y abusos incalificables.

Cuando un Estado, representando por el gobierno que sea, cede de forma tan vergonzosa, poco más se puede esperar de él. Y mucho menos del gobierno que lo permite. Porque yo, y usted y ustedes, somos el Estado, formamos parte del Estado español, y no nos merecemos vaciladas ni faltas al respeto de nadie. El Gobierno de España, nunca debió permitir llegar a este extremo, porque es indecente, insolidario y peligroso.

Como bien decía ayer Juan Vega en “Elcomentario.tv” (ECTV), es posible que con la actuación del Gobierno, en esta materia, se esté hasta transgrediendo la Constitución, porque se está tratando al Estado de las Comunidades como a un Estado Federal y eso es claramente anticonstitucional. Pero ¿es la primera vez que el propio Gobierno se pasa la Constitución por el forro? No, ni mucho menos. Se la pasa casi a diario.

Al final ¿qué tenemos?: Pues un Gobierno que se deja chantajear, un Estado al que se le vacila y se le pitorrea y una Constitución que no se cumple. Todo esto, a parte de un pueblo al que se pisotea, se menosprecia y que no cuenta para nada.
¡No me digan ustedes que no es triste y vergonzoso!

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