miércoles, 12 de agosto de 2009

LA IDENTIDAD DE LOS PUEBLOS

Digo yo que la prosperidad y la modernización de los pueblos no tiene porque llevarse por delante su identidad. Es más, debería haber leyes que lo contemplasen.

(Esta casa, antigua y reformada, puede ser un buen ejemplo.)




No me estoy refiriendo a los pueblos en su calidad de etnias o razas. Me refiero a nuestros pueblos; a los pueblos en los que nacimos, nos criamos y en los que vivimos o frecuentamos.

Cada uno de estos pueblos tiene, o ha tenido, su propia identidad. Son seres vivos, con peculiaridades acusadas al igual que las personas. Son entidades sociales que se han ido forjando a través de siglos, con su propia y marcada personalidad, que ha sido configurada por sus gentes, sus edificaciones, su orografía, su clima y un sin fin de aspectos influyentes.

Hay pueblos felices y pueblos tristes. Hay pueblos inquietos y pueblos pasotas. Hay pueblos jóvenes y pueblos viejos. Hay pueblos que no miran ni adelante ni atrás, están estancados en un presente anodino. Los hay como los barcos (que diría Arturo Pérez Reverte) que están, simplemente, dispuestos a ser lo que es la persona que los gobierna. No saben conjugar el pasado con el presente ni les interesa y están sometidos a sutiles y poderosas influencias. Son pueblos entregados que ya no tienen ninguna identidad. A penas saben quienes son y, por supuesto, no les interesa saber quienes fueron ni lo que podrán ser en un futuro.

El progreso y la prosperidad económica recientes de países como España, ha traído a los pueblos grandes ventajas, pero éstas han venido de la mano de importantes inconvenientes. Cuando la forma de progresar no se entiende, o se entiende mal, la modernidad se lleva por delante hasta la identidad de los pueblos.

Las personas físicas no podemos conservarnos, somos materia de un día, pero si pueden ser conservadas, al menos, nuestras memorias y nuestras obras. Lo que sí se puede conservar, en lo posible, es esa otra parte de nuestra identidad conformada por nuestro entorno, por esas cosas materiales, espirituales y culturales que tanto han contribuido a nuestra propia personalidad. Hoy, hay pueblos que sufren en sus carnes esa desgracia del desarraigo y del olvido. Hoy, hay pueblos, como el mío, que han perdido totalmente su identidad.

Un pueblo tiene que pensar por sí mismo, y ser capaz de caminar mirando hacia delante sin olvidarse nunca de su pasado. Un pueblo tiene que recordar a los predecesores que lo forjaron y las señas culturales o de identidad que lo distinguieron. Un pueblo, a pesar de los graves inconvenientes que pueda sufrir, no puede dormirse en un presente apesebrado. En el momento que un pueblo pierde el dinamismo y las inquietudes, está perdido él mismo. Hoy leía, en la prensa regional, una frase de un político asturiano, referida a Asturias, que puede aplicarse por inclusión, a muchos de nuestros pueblos: “Son una sociedad fraccionada y apática, incapaces de trascender lo común”.

Existen, para que esto ocurra, diversas razones. Una de ellas, muy importante, es la migración de las gentes. De la misma manera que nuestros pueblos despiden vecinos que se trasladan a otros lugares por motivos económicos, laborales o sociales, nuestros pueblos reciben otras gentes. No se debe, ni se puede, ser excluyente con ellos pero sí hay que reconocer su influencia (no maliciosa) en la pérdida de las tradiciones e identidad locales.

La falta de sensibilidad por parte de los que toman decisiones, es otra de las razones influyentes en esta pérdida pues, escasamente, a la hora de materializar proyectos, se piensa en otras cuestiones más allá de las económicas o de interés propio.

Bien podría pensarse que determinados responsables, durante estos últimos años, han tenido una fijación enfermiza en destruir valores y tratar de borrar memorias y tradiciones. Identidades al fin.

Si a todo esto añadimos que nos hemos convertido en una sociedad manipulable, acostumbrada ya a que todo nos lo den hecho y a depender, pues la cuestión no requiere de esfuerzos en buscar más razonamientos.

En nuestros tiempos hemos pasado por diferentes cambios culturales, pero esto no debe ser la razón de la pérdida de una identidad, de unas tradiciones originarias como conjunto de costumbres, de estilos o de visión de la vida.

Una identidad y unas tradiciones peculiares de un pueblo, no deben llevarnos nunca a renunciar a nada, pero sí deben tener el suficiente peso como para obligarnos a saber conjugar pasado, presente y futuro.

Eso no lo hemos aprendido en muchos pueblos. Es una pena. Quizá algún día se intente recuperar pero, entonces, ya será tarde.

lunes, 10 de agosto de 2009

SUARÍAS EJEMPLAR.

(El Príncipe de Asturias, recibe lecciones de "bolo palma" de Ramonín Tamés)



Suarías es un pequeño pueblo del ayuntamiento de Peñamellera Baja, mi tierra. No son, durante gran parte del año, muchos vecinos fijos pero los que están fuera no se olvidan de su pueblo y trabajan porque esté vivo. Suarías es un pueblo vivo y bonito. Mira al mar en corta lejanía y tiene las espaldas guardadas por montañas. En un bucólico y precioso paseo se puede llegar a las vegas de Orgalla y, desde allí, recorrer uno de los parajes más impresionantes que Peñamellera puede ofrecer a sus vecinos y visitantes; hasta Cimiano y Merodio, dejando a un lado el “Argayu”, covacha de jabalíes y otras especies de caza mayor.

La mayoría de los nacidos en Suarías, no han tenido la fortuna de poder vivir allí todo el año, como muchos otros del concejo, pero su pueblo nunca está ausente de sus mentes. Lo aman como a una madre. Lo miman y lo cuidan como a un ser vivo, y es normal porque un pueblo no es otra cosa que un ser vivo, si sus hijos le hacen vivir.

Cuando un pueblo quiere, puede; de eso no hay duda. Un pueblo está vivo cuando respira a pleno pulmón y contagia su vitalidad. Eso es hoy Suarías, un pueblo pequeño que da ejemplo y, si me apuran, envidia, por sus iniciativas culturales, festivas y deportivas.

La pasada semana (viernes y sábado), Suarías tuvo los “santos perendengues” de acoger y organizar el campeonato de España de “bolo palma” por parejas -uno de los eventos deportivos más importantes del oriente asturiano y de la vecina Cantabria-, con una organización y un entusiasmo envidiables.

En Cantabria, y en el oriente asturiano, un campeonato de España de bolos, es un encuentro deportivo que se disputan muchas poblaciones y, para conseguir traerlo a tu solar, hay que luchar, demostrar y convencer. Suarías lo ha conseguido y hay que reconocerle el mérito.

Hoy por hoy, existe en este pueblo una asociación, “El Canto la Jorma”, que es referencia obligada para muchos otros pueblos. Es referencia, digo, porque se lo ha ganado a pulso; porque tiene inquietudes y apoyos incondicionales de sus vecinos y de sus hijos dispersos por España y otros países. Lo viene demostrando desde hace años y su nivel sigue en alza para ejemplo de otros pueblos dormidos en los laureles de un pasado indiano que no han sabido superar por sus propios medios.

Suarías, que duda cabe, le debe mucho a los indianos, por eso siempre están en su memoria y les rinde constantemente el homenaje que se merecen. Pero ha sabido superar aquellos años en los que sólo se podía esperar el progreso de manos de aquellos hijos que buscaban en América su propio bienestar y también el de su pueblo.

Hoy, Suarías, sin olvidar su pasado, vive un presente compartido por todos sus vecinos de cualquier condición y sociedad. Es un ejemplo a seguir y un punto de referencia para que se enteren, quienes quieran enterarse, que cuando se quiere, se puede.

Sin embargo –y es triste- quienes deberían enterarse, no lo hacen, o no quieren hacerlo. Decía que un encuentro deportivo como es un campeonato de España, aunque sea de bolos, que, por cierto, en nuestra tierra, a parte de deporte ancestral es también cultura, no debe carecer del reconocimiento y el apoyo de las instituciones oficiales y de gobierno. No ha sido así en Suarías y eso duele, no sólo a este pueblo ejemplar, si no a toda Peñamellera. A este evento deportivo-cultural, no se ha dignado asistir nadie que representara a Asturias. Es triste y también es bochornoso. He de decir que estas palabras salen exclusivamente de mí, pues a nadie de la organización le he escuchado la menor queja. Estas gentes son, a parte de efectivas en sus organizaciones, calladas y respetuosas. Por eso las críticas nos corresponden a los espectadores; a los que vamos, vemos y vivimos las cosas; a los que nada nos pueden dar ni quitar estos impresentables que han hecho de la política un “modus vivendi” vergonzoso y cómodo como nunca soñaron.

Esta es la cruz. Sin embargo, la cara más importante la han puesto gentes a las que hay que agradecer su presencia y su apoyo. Más de veinte campeones de España se encontraban en Suarías durante la final de este campeonato. Sólo voy a citar a dos, por sus años y por su peso específico en los bolos: Cabello y Ramiro. Dos leyendas de los bolos que no han querido perderse la noble lucha entre dos parejas que, en la actualidad, marcan la diferencia en este juego tan arraigado en nuestras tradiciones.

Suarías, un pequeño pueblo de un pequeño ayuntamiento, ha tenido el honor y la capacidad de organizar un evento deportivo que muchas ciudades hubieran deseado para sí. Aquí, en Asturias, a nadie le ha llamado la atención. Ni el primer edil de Peñamellera Baja se dignó aparecer por allí. De la Federación Asturiana de Bolos, nunca se supo.

Es lo que hay. Quizá mejor así. Los que estaban lo disfrutaron y otros, si hubieran venido, sería para aburrirse y no es honrado, ni presentable, aburrirse con algo que te da de comer.

jueves, 6 de agosto de 2009

HIROSHIMA Y NAGASAKI EN EL RECUERDO

Ordenados por Harry S. Truman, a la sazón presidente de los EEUU de América, los lanzamientos de las dos primeras (y únicas, de momento) bombas nucleares de la historia de la humanidad, constituyen, para mí, la mayor salvajada que pueda decidir cualquier mandatario.

Las consecuencias de estas bombas, y las secuelas que aún hoy persisten entre la población de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, deberían haber enseñado una lección al mundo que hubiese tendido como resultado la renuncia incondicional a la energía atómica con fines bélicos por parte de cualquier país de la Tierra.

Está claro que no ha sido así y que la carrera nuclear sigue implacable, amenzando cada vez más al planeta.

El mundo no ha apredido la lección que, hoy hace sesenta y cuatro años, se escribió con letras de horror y fuego infernal sobre Hirishima, para repetirse tres días después sobre Nagasaki.

Los gobiernos de este planeta -cuanto más fanáticos y peligrosos peor- continúan una carrera trepidante por tener en sus arsenales las destructivas armas atómicas. Más de treinta mil cabezas nucleares amenazan hoy este mundo donde no es posible la paz y, la mayoría, en manos de iluminados, fanáticos y descerebrados.

Desde tiempo inmemorial, a los países sólo se les ha respetado por la fuerza que representaban su ejércitos y, aún hoy, sólo saben hacerse respetar por la fuerza. Es la mejor muestra de que la humanidad no ha avanzado nada y que otros valores, más humanos, no cotizan.

Es nuestro mundo. Es lo que hemos sabido hacer de él. Una trampa mortal.











miércoles, 5 de agosto de 2009

UNA REAL ANÉCDOTA

(Antonio Ramalho Eanes, ex presidente de Portugal)

El día 26 de febrero de 1981, aquel inexpresivo general, Antonio Ramalho Eanes, que ostentó la presidencia de la República Portuguesa una vez superado ya el trance ambiguo de la Revolución de los Claveles, hacía honor a la tradicional amistad luso-británica y visitaba oficialmente a su graciosa majestad, Isabel II de Inglaterra.

Eanes, que había aterrizado una hora antes en el aeropuerto de Gatwick, estaba a punto de llegar en un tren especial a la londinense estación Victoria. Allí le esperaba la Reina rodeada de toda la parafernalia protocolaria para el recibimiento de un jefe de estado.

Yo iba a calificar a Eanes de estatua, pero me di cuenta de que no era correcto. No puede serlo porque una estatua tiene la expresión que le da el escultor. Triste o alegre, pero tiene expresión. Eanes era como un témpano de hielo y, en consecuencia, su encuentro y saludo con la Reina de Inglaterra, careció de toda emotividad.

Ambos mandatarios abandonaron la estación Victoria en la carroza de Su Majestad, a través de Trafalgar Square y el Mall, hasta llegar al Palacio de Buckingham.

Tiraban de la carroza ocho espectaculares caballos negros, uno de los cuales, al tomar una curva en Trafalgar Square, se fue de sus partes traseras y se tiró un sonoro pedo. El hedor dulzón y perverso del aire escapado del caballo, entró de lleno en la carroza real. La Reina, como anfitriona, se disculpó. El presidente Eanes, con cara de lo mismo que había soltado el caballo, aceptó las disculpas a la vez que, con fría cortesía, le decía a la Reina: “No se preocupe vuestra majestad, porque yo bien creí que había sido un caballo”. Que dicho en portugués sería: "Näo se preocupe vosa majestade, que eu bien creía que había sido un cavalho".

Es insospechado lo que un personaje, incapaz de esbozar en su rostro una sonrisa, puede hacer reír a los demás.

La Reina Isabel, contó esta anécdota a un reducidísimo grupo de amigos, entre los que se encontraba el Rey don Juan Carlos. Éste, a su vez, se lo contó a su padre, quien se la trasmitió a su buen amigo Alfonso Ussía que la publicó, con el permiso correspondiente de Don Juan, en el “Diario 16” de Madrid. A los pocos días, todos los periódicos de Portugal la reprodujeron, aunque Ussía, ni a solicitud del embajador de Portugal en España, reveló, hasta muerto Don Juan, cual había sido su fuente de información.

martes, 4 de agosto de 2009

EL CASO CAMPS, ARCHIVADO

"Nada me parece justo/ en siendo contra mi gusto". (Pedro Calderón de la Barca)
Como ya todos sabemos (a unos les joderá y otros se alegrarán; depende a cual de las España pertenezca) el Tribunal Superior de Justicia de Valencia (TSJV) ha sobreseído la causa abierta contra el presidente de la Generalidad valenciana, don Francisco Camps.

La impresionante maquinaria propagandística que la izquierda española, manipulada por el PSOE, había puesto en marcha para machacar al líder popular valenciano, no ha dado resultados esta vez.

Ahora se empezará a hablar de una justicia politizada, de una justicia que ha sufrido terribles presiones, de una justicia injusta y, quizá, hasta de unos jueces cobardes.

Sí, es posible que de todo esto haya en este país pero algunos sólo se dan cuenta cuando los vientos no soplan a su favor. Si en España existe una justicia politizada, lo primero que habrá que preguntarse es quien la ha politizado hasta niveles tan vergonzosos. Si en España existen jueces cobardes, habrá que preguntarse quien es el que los mantiene en sus cargos y, si una justicia es susceptible de ceder a presiones, habrá que preguntarse que tipo de justicia es la que tenemos y quien la ha venido soportando y alimentando.

Leía esta mañana en La Nueva España un comentario del ex presidente autonómico asturiano, Pedro de Silva, en este sentido, y eso sí se me antojó una verdadera presión sobre los jueces. El ex mandatario asturiano, refriéndose al caso Camps, comentaba: “Una justicia politizada sería la gota que colmara el vaso”. “¿Estarán los jueces a la altura debida, para evaluar con buen sentido los elementos probatorios y aquilatar los hechos, dándoles el peso justo?

Pues ahí tiene el señor de Silva el fallo del TSJV. Tengo para mí que la respuesta a sus mismas preguntas no va a ser de su satisfacción. Él ya daba como “hechos probatorios” lo que el tribunal ha sobreseído. Ni para él, ni para otros muchos que sólo miran a su particular bragueta, este fallo será justo.

Ahora sólo les queda quejarse y abominar de lo que ellos mismos han creado y que creían que tenían a su exclusivo servicio.

Ahora pueden decir como Julio César: ¿Tú también, Bruto, hijo mío…?

Yo, felicito a Francisco Camps. Si la justicia ha sido o no ha sido justa, no lo sé. Pero es lo que hay.

sábado, 1 de agosto de 2009

FEDERICO GARCÍA LORCA, LA LUZ DE GRANADA

A Federico García Lorca le quieren hoy remover sus huesos arropados por tierra andaluza y española. A Federico y a otros muchos que, como acertadamente dijo Larra, forman parte de esa media España que constantemente muere víctima de la otra media. No se puede mirar a Lorca, ni a nadie, con los ojos del odio y de la venganza. No es bueno abrir de nuevo las heridas cuando están a punto de cicatrizar. Eso es propio de imbéciles y de trastocados.

Yo sé lo que le ocurrió a Federico. A Federico y a otros muchos de un bando y de otro, pero intento mirar hacia sus obras y pensar que sus desgraciadas muertes no fueron en vano y hayan servido para que aquellos horrores no se repitan.

Su muerte en lo mejor de su juventud y en su plenitud creadora, no impidió que nos legase una de las obras literarias más hermosa, más cruda y más popular que un autor puede aportar, fundamentalmente, a la poesía y al teatro.

Cuenta otro genial poeta andaluz (Juan Ramón Jiménez) que siendo aún muy joven, Fernando de los Ríos se lo mandó a Madrid con una carta en la que le decía: “Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos. Recíbalo usted con amor, que lo merece; es uno de los jóvenes en que hemos puesto más vivas esperanzas".

En su “ligero equipaje” lleno de versos, incluía el poeta sus lunas pálidas, sus patios de naranjos granadinos, las melenas azabache de las mujeres de Granada, la tez oscura de los rostros gitanos, el profundo y misterioso lamento del "cante jondo", los almendro en flor, los negros caballos y tricornios acharolados de los guardias civiles: “con el alma de charol, vienen por la carretera…”

Un poeta de corta vida pero de grandiosísima obra. Un poeta de una sensibilidad extraordinaria que conoció y amó, como nadie, las grandezas y miserias de su tierra y supo sacar de ellas música y poesía.

Los tiempos que le tocaron vivir a Federico García Lorca no fueron los más dichosos de la historia de España. Tiempos de tragedias y discordias civiles donde la alegórica pintura de Goya, “Saturno devorando a sus hijos”, cobraba brutal realidad. Saturno encarnaba a España y esta España, tantas veces monstruosa, se volvía contra sus hijos a los que destruía sin sentido, con odio inhumano.

Federico fue una de esas víctimas. Una de tantas absurdas víctimas que, después, la propia España llorará eternamente.

Federico siempre fue, y seguirá siendo que para eso le pararon las horas en un triste amanecer granadino, un niño. Quizá un niño grande, pero un niño. El mismo se describe: “Mi padre, agricultor, hombre rico. Mi madre, de fina familia. Mi infancia fue aprender lecturas y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo".

Pero no era cierto. Quizá fue niño rico, pero nunca ejerció como tal, sólo como niño. Su sitio fue el pueblo, su identificación con él fue total y para conocer esa faceta de su vida ahí está su obra, basta con leerla.

Yo estoy con los pobres, decía, con los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega.

Un buen día “se le vio caminar entre fusiles/por una calle larga/salir al campo frío/aún con estrellas de la madrugada.” (A. Machado).

Por allí se fue el poeta. Dicen que le acompañaban toreros arropados con sus capotes de grana y oro y gitanos y gitanas de tez morena, cabelleras de brillantina y ojos azabache. Que a lo lejos se escuchaba prolongados lamentos en cante jondo. Que el suelo vestía como una blanca alfombra de hojas de almendros, y que al aire lo impregnaba como un sutil aroma de naranjos y limoneros. Que el viento traía, entre tristes y alegres, las notas románticas de un viejo piano de cola. Que al final del cortejo, como escolta respetuosa y cargada de pesadumbre, iba “guardia civil caminera” y que gitanos, guardias civiles y toreros, lloraban por los horrores de España. Arriba, la luna pálida, más pálida que nunca. La Alhambra no quería mostrar sus murallones y el Darro y el Genil querían parar su curso.

Y cuentan que todo aquello parecía como la encarnación de un teatrito de cartón y papel, como los que el poeta hacía de niño cuando soñaba con escribir sus grandes obras; con muchos colores vivos. Como los colores con que el sol pinta a Granada.

Federico sigue aquí, en el recuerdo. Es historia de España. ¡Por favor, que nadie le toque!