EL "CONVENTÍN" DE VALDEDIÓS

Pero la villa maliaya se encuentra ahora con un problema: no tiene espacio en su biblioteca pública para ubicar esta –a mí no cabe duda- interesante colección de libros del P.Gibert. La falta de espacio, es siempre para las cosas interesantes: culturales, sociales, de primer orden. Nunca falta espacio para mamarrachadas y otras cuestiones que sólo pueden interesar a minorías que, por una u otra razón hay que tener contentas. El interés general cuenta poco.
El P.Gibert debe abandonar Valdediós, su cenobio, junto a su dos o tres monjes. Deben abandonar su obra y no deben preguntar cuales son las razones que han impulsado al Vaticano, de quienes directamente dependen, a tomar esta decisión incomprensible para muchos. Obediencia es la clave. Obedecer sin rechistar. ¿Quizá el Vaticano quiera probar la capacidad de obediencia de estos monjes de manto blanco en estos tiempos convulsos? Pues se va a encontrar con una sorpresa: estos monjes, al contrario de otras órdenes, congregaciones y grupos que hoy dirigen la Iglesia Católica, material y espiritualmente, siguen obedeciendo humildemente
Todo esto me lleva a meditar un poco sobre el “caso Valdediós”. Es difícil acometer un análisis de esta cuestión que a todos los asturianos, católicos y no católicos, debería interesarnos. Y debe interesarnos porque encierra muchas cosas inexplicables o, al menos, que no se han explicado ni con mediana claridad. Se puede decir, sin contemplaciones, que no se ha explicado nada, lo que deja las puertas abiertas a una serie de especulaciones que tampoco van a aclarar nada sino a oscurecer más las razones que han llevado a la jerarquía eclesiástica a cerrar Valdediós, de la misma forma que Barak Obama quiere cerrar Guantánamo, por supuesto, con las diferencias que ambos lugares se merecen.
Existen infinidad de personas de diferentes sensibilidades espirituales, que se merecen una explicación que nadie ha dado, y esto puede ser considerado un reprochable desprecio a una masa, aunque sólo sea social, que no se lo merece.
Pero la cosas de la Iglesia ¿son inescrutables? Pues no deberían de ser así, creo yo, porque ya se hace difícil creer en lo que no vimos, cuando la cosas vienen de Dios, pero sin encima, son los hombres –sean arzobispos o cardenales- los que nos las complican, pues mal lo tenemos.
Decía que no es fácil opinar de este tema, por dos razones: Primera, porque efectivamente, existen pocos datos y ningún razonamiento que justifique los hechos, salvo las especulaciones y opiniones públicas que, con todo el derechos buscan causas que nadie les ha explicado ni les va a explicar. Y, segunda, y ésta es más convincente, porque “amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado”.
En 16 años que llevan en Valdediós el P.Gibert y sus tres cistercienses, se han recuperado muchas cosas y muchos valores. Valores materiales y espirituales que quizá el Arzobispado tenía olvidados o aparcados.
No podemos dejar de lado la restauración de todo el conjunto arquitectónico que encierra Valdediós. No faltaron, como bien indica, en una clarividente reflexión publicada no hace muchos días en la prensa regional, Francisco Javier Fernández Conde, ayudas exteriores, oficiales y particulares, que volvieron a llevar al espacio monástico del recoleto valle, “la armonía y la sencillez propiciadas por una orden religiosa que siempre potenció, y sigue potenciando, muchos valores”. Y que yo añado: valores que sin ellos, hoy estarían perdidos.
No voy a hacer un repaso minucioso de la labor de estos monjes. Pero sí hay cosas que merecen destacarse y que te pueden llevar a una seria reflexión: Lo comenta, también, Francisco Javier Fernández Conde, Tres insignificantes (con todo mi respeto) monjes cistercienses, encerrados en la paz de Valdediós “fuero capaces de conectar con la cultura de la región, abriendo su casa a un grupo de notables proporciones, el Círculo Cultural Valdediós, que pudo celebrar en las dependencias monásticas todo tipo de eventos culturales, en los que tomaron parte personalidades relevantes de la más variada adscripción ideológica”.
Es indudable que los pocos monjes de Valdediós, forman una comunidad atípica que yo me atrevo a elevar a la categoría de molesta. Molesta para el Arzobispado que podía ver en ella una fuerza paralela de espiritualidad y cultura, deseada y carente entre muchas masas sociales a las que el Arzobispado no les viene, desde hace muchos años, prestando ninguna atención.
¿Puede venir de esta especie de celos la determinación del Arzobispo Osoro de sustituir a la comunidad cisterciense, milenaria, y de probada solvencia espiritual, por los Hermanos de San Juan que, como podría decirse, tienen aún mucho camino que recorrer (fundada en 1975) para alcanzar la grandeza, la espiritualidad y la historia de la orden del Cister?
Sí, ya sé. La decisión es del Vaticano, pero como bien dice Fernández Conde: “De Roma viene lo que a Roma va”. Y, ¿qué fue a Roma? ¿No tiene más problemas S.S. Benedicto XVI que cuatro monjes cistercienses que viven en la paz de Valdediós?
Arzobispo: No debería usted marcharse de Asturias sin dar la pertinente explicación. Usted, puede que nos haya quitado a los asturianos un punto de referencia espiritual y cultural muy importante y debe explicarnos el por qué.
Sin dar explicaciones, sólo se marchan los trepas.