
No hubiese yo hablado hoy de él, si no hubiese escuchado algunos comentarios, al respecto de su ¿dimisión? que vienen, casi, a ponerle en los altares de la lealtad, la coherencia y el sentido del deber.
No, hombre, no. De eso nada. Este señor se ha tenido que ir por impresentable y porque la situación, por él mismo creada, ya había llegado a hacerse insostenible y a ZP podría salirle al pan tres tortas de no dimitirle. Si por él hubiese sido, aún hoy estaríamos soportándole como tenemos que soportarle a él mismo y a otros que están hundiendo el País, echándole altanería, soberbia e irresponsabilidad.
Bermejo repartía besos en el Congreso cuando, hace pocos días, desde las bancadas socialistas, le aplaudían los de siete y más arriba ¡Torero! ¡Torero! Pero el diestro ya estaba herido de muerte. El toro de España había acabado con él y ZP ya no estaba dispuesto a administrarle más calmantes.
Viene ahora a la memoria de todos, el súper juez Baltasar Garzón que, con mayores motivos que su jefe, aún no ha dimitido y sigue saltándose las más elementales normas de ética, independencia y cualquier otra condición básica a la que está obligado a observar cualquier profesional de la justicia.
Estos señores, aún no se han enterado, o no se quieren enterar, que en este país, nadie puede hacer lo que le venga en gana, despreciando lo más elemental de la convivencia nacional y llegando a creerse Luis XIV de Francia.
Precisamente, un ministro, un juez, el Presidente del Gobierno, o el mismísimo Rey, tienen más limitadas que nadie, sus andanzas, sus correrías y sus propias amistades. Son exigencias del cargo y deben ser escrupulosos en observar estas cuestiones. En la mayoría de los casos no se hace, porque España ha entrado en una dinámica de corrupción y de desprecio a los valores que causa auténtico miedo
El ministro Bermejo se olvidó de todo esto, mostrando una soberbia nada normal. Se río de España y de los españoles, les insultó, los despreció y se pasó las leyes por el corte de la levita, llegando a comparar al PP con ETA en un acto de irresponsabilidad sin precedentes. Pues que le vaya bien y esperemos que le impidan volver a los juzgados.
Don Baltasar, para más INRI, se empecina en seguir adelante y retiene para sí el “caso Gürtel”, un caso con más filtraciones que los pasillos del Congreso, pese a que, según parece, pudieran estar implicados aforados del PP y sin importarle las querellas que dicho partido le ha interpuesto por prevaricación y por las mencionadas filtraciones.
No puede abandonar Garzón esta pera en dulce. No puede dejarla porque, yo soy de los convencidos, éste no es un caso entre la Justicia y los implicados. Este es un caso entre el juez Garzón y el PP. Y esto lo piensa así media España, por lo que yo veo en ello razón más que suficiente para que este señor se inhiba del caso y demuestre que no es cierto lo que por ahí se piensa de él, incluso dentro de su profesión. En España existen otros magistrados y otros tribunales que bien podía llevar el caso y evitar toda esta suciedad.
Existe, desde hace tiempo, una fijación enfermiza en este juez que le lleva a tratar de destruir al principal partido de la oposición: “delenda est Cartago”. Para ello, le vale cualquier fecha; aunque sea en plenas elecciones, cuando más se puede perjudicar a un partido político; la connivencia con cualquiera, ministros, fiscales, comisarios de policía y, además, sin esconderse ¿para qué? Si son los amos del cortijo.
!Viva la España de la pandereta y los amiguetes! Así nos va. Y lo malo es que alomejor todo esto resulta otro parto de los montes... ¿Entonces..? Bueno, entonces dimitirá, seguro..