miércoles, 19 de octubre de 2011

NO MERECEMOS LA MENTIRA




("España no se merece un Gobierno que mienta")

(Alfredo Pérez Rubalcaba)



Estamos justamente a un mes de las elecciones generales y, sin haber empezado oficialmente la campaña, uno ya empieza a burrirse o a indignarse (cosa que está hoy muy de moda) no ya tanto por las manifestaciones de los candidatos, que también, sino por las opiniones de los supuestos expertos, de los analistas políticos, de los "entendedios" y de los peones de brega que realizan y manipulan encuestas que nadie sabe hasta que punto son de fíar ni para que sirven, salvo para revolver la cabeza a los llamados "indecisos", esa gran masa que inclina la balanza en los resultados finales. Las opiniones son muy diversas y los resultados augurados vienen marcados depende del cristal con que se observen las cosas.

Hay algo que a mi me llama, particularmente, la atención. Los candidatos ya vienen anticipando en esta precampaña algunos de los puntos básicos de sus respectivos programas. No concretan nada, pero avanzan ideas. Unos más que otros. Todo depende de la cara dura que ostenten o de la capacidad que tengan para mentir y para engañar a este pobre electorado. La opinión de muchos de esos supuestos expertos es que, contrariamente al candidado socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, el candidato popular Mariano Rajoy no tiene programa, no concreta nada. Hace pocos días, el periodista y escritor Alfonso Ussía, comentaba en una cadena de televisión que el discurso de Rubalcaba es como un verso antiguo que no se ajusta a la métrica, ni a la musicalidad ni a los conceptos de vanguardia. El de Rajoy lo comparaba con un verso "gallego", que lo lees quince veces y no sabes lo que quiere decir.

Ante esto, yo creo que se impone un analisis y una meditación seria. El candidadto Rubalcaba promete a bombo y platillo, y con una cara más dura que el granito, hacer todo lo que no ha hecho durante ocho años el gobierno del que ha formado parte en los puestos de mayor responsabilidad, salvo la presidencia de este gobierno. Va a crear empleo, depués de haber destruído casi cinco millones de puestos de trabajo. Va a reactivar la economía y el sistema financiero del país, después de haberlo dejado en los parámetros más bajos desde el final de la Guerra Civil del 36. Confeccionará una nueva Ley de Educación, porque la actual no funciona, y se olvida de que él mismo es el máximo responsable de la Ley en vigor. Y más y más maravillas que, como si hubiese recibido del golpe y porrazo "ciencia infusa", ha comprendido como solucionar los muchos y graves problemas que sufre España. Pretende aplicar, para la solución de estos problemas, muchas de las propuestas dimanadas de los bancos de la oposición que, en su día, fueron olímpcamente despreciadas por un gobierno inutil y prepotente, en muchos casos, merced a sus propios consejos.

Por su parte, Mariano Rajoy, no promete cosas que no puede prometer. Si llega a la Moncloa, ignora lo que se va a encontrar, ni sabe el saldo de las cuentas públicas. Eso da lugar a que se le critique con dureza y se le acuse de falta de programa, sin embargo, las encuestas de que hablaba al principio, le adjudican una ámplia mayoría absoluta.

Hay que preguntarse, ante esta coyuntura, que es mejor: ¿un candidato que miente (España no se merece un gobierno que mienta, Rubalcaba dixit) o un candidato honrado que, al menos, no llega a estas elecciones con intención de engañar, ni promete cosas que no sabe si va a poder cumplir.

Churchil, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la invasión de Inglaterra por los Nazis, lo único que prometio al pueblo británico fue "sangre, sudor y lágrimas". Un ejemplo para el mundo que se lo reconoció sin paliativos. Cierto es que, terminada la Guerra, el pueblo le volvió la espalda en las urnas.

¿Es posible que a los españoles nos guste que nos mientan, que nos regalen el oído? ¿Es posible que hayamos apredido tan poco? ¿Es posible que haya gentes orgullosas de que seamos el "hazmereir" de Europa?

Ante alguien que miente, o ante el "verso gallego" que aunque lo leas quince veces no te enteras de lo que quiere decir, para mi la cosa está clara: quien miente, nada te va a dar, o te dará más de lo mismo. Quien no promete bicocas imposibles y que sólo ofrece trabajo y seriedad, como ya lo demostraron en otras ocasiones, es más de fíar. Yo seguiré leyendo el verso hasta que lo comprenda. Cada quien que haga lo que quiera.

viernes, 14 de octubre de 2011

ENIGMAS


La vida nos presenta enigmas, cosas extrañas. Cosas o situaciones que para algunos pueden presentar normalidad absoluta y considerarlas lógicas y explicables, pero que para los más torpes, como el que suscribe, que no tenemos mucho alcance de comprensión, no nos cuadran del todo.


Siempre me han gustado esos libros que te entrenienen y que, como de cada libro, aprendes algo. Son esos libros que en capítulos breves recogen y explican (más o menos) enigmas de la Historia, y a los que te agarras cuando no tienes ganas de leer algo más profundo o complicado.

En nuestros tiempos (ahora mismo) se dan enigmas de este tipo; unos menos preocupantes que otros, pero enigmas al fin, cosas extrañas. Les pongo algún ejemplo de los que a mi me llaman la atención:

-La reciente boda de la Duquesa de Alba con don Alfonso Díaz. La verdad es que no me preocupa, ni me quita el sueño, pero es raro.
-Las casas del ministro de Fomento, don José (Pepiño) Blanco, y su entrevista para asuntos privados (por supuesto) con un empresario gallego en una gasolinera. ¿Es raro, no? Además no quiere comparecer ni dar explicaciones, con todo lo que largó esa lenguita suya.
-¿Cómo ha podido don José Luis Rodriguez Zapatero, llegar a ser presidente del Gobierno de España? Bueno, de situaciones similares nos da buena cuenta nuestra historia.
-¿Cómo personas como Bibiana Aido y Leyre Pajín (por poner sólo dos ejemplos), han podido llegar a ser ministras. Aquí, nuestra historia también nos ofrece ejemplos.
-¿Cómo llegó España a alcanzar la cifra de casi cinco millones de parados? ¿No sería la mala gestión de los Reyes Godos?
-¿Cómo aceptó Rubalcaba, que tiene fama de ser superinteligente, la candidatura a la Presidencia del Gobierno, por el PSOE, teniento la certeza de que va a ser derrotado en las urnas?
-¿Cómo altos directivos, que han hundido con su nefasta gestión, las Cajas de Ahorro que representaban, y que tendrán que ser saneadas con dinero público, se pueden apropiar y repartir más de 100 millones de euros, procedentes del patrimonio de estas Cajas, y aún no estén, no ya en la cárcel, sino bajo proceso judicial?

Bien, éstos son sólo algunos de esos enigmas modernos que algún curioso escritor o investigador, espero que un día nos aclare.

Esta es la España de los enigmas, de las maravillas, de los sinvergüenzas y de los gilipollas. Entre los últimos me incluyo yo.

OTOÑO



Tierra extraña la que configura nuestro norte peninsular. Cuando, finalizado el verano, el otoño da paso a los colores ocres que se apoderan de los arboles en los bosques de nuestros valles, aquí nos regalamos un veranillo con una chulería inigualable. Así es este norte precioso.

Nada tengo yo que objetar, amigo como soy del sol y de los días luminosos, simplemente es que esta tierra nuestra nunca deja de sorprendernos y, además, me temo como probable que no vayamos a poder disfrutar de las peculiaridades del otoño, de su color siena, de su misterio y de sus días calmados. Pero no tengo prisa, como alguien escribió, en ver humillados los verdes del verano y ver nacer la melancolía del otoño.

Las playas ya están vacías porque alguien, político por supuesto, ha puesto fecha oficial al final de la temporada de baños marinos. Ya en Octubre de 1927, el genial poeta y periodista cántabro, José del Río Sáinz (Pick), escribía en uno de sus magistrales artículos en el desaparecido diario “La Voz de Cantabria” que, en Santander se acababa el verano y llegaba el otoño, cuando se marchaba la Familia Real.

Cualquier pueblo que contase con la belleza de nuestras playas, prolongaría la temporada estival todo lo que las lluvias y el Nordeste lo permitieran.

Tierra extraña, si. Pero tierra rica en paisajes, en leyendas y en mitología preciosa y entrañable. Las regiones que la componen: Galicia, Asturias, Cantabria y Vascongadas, comparte mucho juntas. Comparten historia, mar, montañas y mucha climatología adversa durante gran parte del año. Por eso, mientras más tarde en llegar esa climatología adversa que nos acompañará durante un largo invierno, mejor que mejor.

A las gentes del norte siempre nos ha unido el bravo Cantábrico. Ante esa magnitud, no hay gallegos, ni asturianos, ni cántabros ni vascos. Hay sólo unos hombres que luchan, que conviven, que saben de solidaridad y de sufrimientos en las honduras y en las playas, en las tormentas y en las calmas, en la taberna marinera de las costas o en la tasca de la alta montaña. Sin importar que cubre su cabeza, si boina, si montera o si chapela. Hombres que, en el mar, comparten el llorar de las tolinas y, en el monte, las berreas de los corzos.

Porque también la tierra nos une, aunque nuestro carácter se haga más solidario en el mar. La tierra, esa tierra a la que se sujetan los árboles, a la que se agarran como garfios los olmos, los tilos, los castaños, las hayas, esas hayas donde no ha muchos años era una delicia oír el canto del urogallo.

Puede que todas las estaciones del año puedan ser consideradas de “transición” pero si alguna de ellas se merece este calificativo, esa es el otoño. Una estación de transición hacia la tristeza de un invierno duro y largo. Transición desde la alegría, también, hacia una realidad que, quizá, ya teníamos algo olvidada por las despreocupaciones estivales, por el alegre abandono sobre los arenales, y que se nos va mostrar con toda su crudeza.

Para colmo, la guinda en el centro del pastel la pondrán unas elecciones generales que no nos van a traer ninguna ilusión y que quizá abunden más en nuestro pesimismo.

Ya, hoy mismo, se notaba el Nordeste y la bajada de temperaturas. Ya empieza a oler a melancolía, y a sentirse frío.

jueves, 13 de octubre de 2011

LOS TONTOS DEL BOTE



De todo lo que leo los fines de semana en los medios impresos, me quedo hoy con este artículo de Arturo Pérez Reverte, publicado en XLSemanal.

A mi, como ya muchos amigos saben, me ha sido retirado el carné de conducir por un año y me han soplado mil euros de multa que, merced al informe de la Guardia Civil que decía que no mostraba síntomas de embriaguez, me permitió la señora fiscal pagarlos a 150 euros al mes, con la advertencia prévia de que si no abonaba las cuotas en tiempo, tendría dos días de arresto domiciliario.

Yo no sobrepasé ninguna raya contínua, ni puse en peligro la vida de nadie. Mi delito, porque constituye delito, fue dar una tasa de 0,60 de alcohol, cuando regresaba de dejar a mi esposa del Centro de Artesanía de Poo de Llanes. Control rutinario. Control que se suele hacer sobre las personas normales..

Me gustaría que leyeran este artículo de Pérez Reverte. Algunos, esos que se la agarran con papel de fumar, quizá se escandalicen por el leguaje del académico, pero estoy seguro que el personaje que describe Pérez Reverte puede corresponder, perfectamente, a su hijo. De él, también estoy seguro, no se van a escandalizar nunca. El niño tiene derecho a todo. Y si es un "jeta", con más motivo....

http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=6747&id_firma=14750

lunes, 5 de septiembre de 2011

EL POPOCATEPETL. LA LEYENDA DE FUEGO.



Estos días escuchaba en los telediarios que el volcán Popocatepetl estaba otra vez cabreado. El "Popo" se ha despertado de nuevo y lanza sus ígneos exabruptos sobre la tierra mexicana. El legendario volcan con nombre de guerrero azteca, llora de nuevo la muerte de su amada Iztaccihuatl, con lágrimas de fuego y lava. Son leyendas preciosas que a mi siemnpre me han gustado.

Una de esas antiguas leyendas nos cuenta que el valiente guerrero, Popocatepetl, dejó a su amada, la princesa Iztacciuatl, para irse a la guerra. Poco después, a la princesa le anunciaron que su amado había muerto en la batalla y la bella princesa fue languidenciendo hasta morir de amor y de tristeza. Pero aquellas noticias no eran ciertas y, cuando Popocatepetl volvió a su tierra, sólo pudo abrazar, desesperado, el cuerpo sin vida de la princesa amada. Luego la tomó en sus brazos y la recostó en lo más alto de una montaña próxima desde donde él mismo se arrojó a una profunda sima volcánica. La nieve fue cayendo y cubriendo la montaña, formando sobre ella el relieve del cuerpo de la princesa muerta.

Así quedó esculpida e inmortalizada, en dos inmensas moles pétreas, la leyenda de amor y pasión de Popocatepetl, “La Montaña humeante”, e Iztaccihuatl, “La Mujer dormida”. Ambos duermen juntos, desde hace siglos. Muy cerca el uno del otro. El guerreo, inquieto y siempre amenazante. La princesa, serena, sin un suspiro…

Entre ambos volcanes se abre un amplio canal que conduce a las preciosas tierras de Tlaxcala y de Puebla, y que, aún hoy, se conoce como “El Paso de Cortés”. Por allí llegó el conquistador extremeño a los valles tlaxcaltecas camino de la capital del imperio, Tenochtitlán.

Otra hermosa leyenda nos cuenta como Tezcatlipoca, el dios de la noche, envidioso de Quetzatcóatl (La Serpiente emplumada), el más célebre de los dioses mexicas, le ofreció a éste un regalo delicadamente adornado. Al abrirlo, Quetzatcóaltl vio su cara reflejada, por primera vez, en la superficie del presente, que no era ni más ni menos que un espejo.

Él, siendo un dios, creía que no tenía rostro. Ahora, al descubrir su cara humana en la pulida superficie, comprendió que era mortal y que su destino era sólo pasajero. Esa noche se emborrachó y ultrajó a su propia hermana.

Al día siguiente, abandonó Tenochtitlán en una balsa, alejándose rumbo al levante, pero prometió regresar algún día para comprobar si los hombres habían cumplido con la obligación de cuidar de la tierra.

Ese regreso se produciría durante el periodo del quinto Sol, que en el calendario cristiano viene a corresponder al año 1519. Su regreso sería en el paso entre los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl y allí se dirigió el emperador Moctezuma. Pero, en vez de Quezalcóatl, quien llegó por el paso fue un hombre barbudo, de vestidos metálicos que nada sabía ni de Popocatepetl, ni de Iztaccihuatl, ni de Tezcatlipoca, y que no podría imaginar la belleza que le esperaba, a penas a un centenar de kilómetros, cuando llegase a la magnificencia de la capital del imperio azteca, Tenochtitlán.

Durante mis años en México, en tierras poblanas, todos los días al salir de casa camino de trabajo, al doblar una curva que me introducía en la autopista camino de la ciudad, se me presentaba “El Popo”, inmenso y magnífico. Ante él, como ante Dios, me santiguaba todas las mañanas porque, para mí, aquello era la imagen de Dios, representada por la impresionante naturaleza por Él creada.

Muchas mañanas salía de su cráter una leva y blanca columna de vapor que realzaba su belleza. Otras veces, sus manifestaciones eran más inquietantes, pero el Popo siempre había sido así, y ni los más viejos lugareños recordaban ninguna agresión desastrosa del legendario guerrero petrificado. La mañana que la niebla, o el humo que salía de sus fauces impedía su impresionante vista, no era la misma. Faltaba algo: la fuerza que te infundía su contemplación.

Lo indígenas le adoran. Hay que tener contento y tranquilo al gigante. Él les protege. No le temen. Ha sido su guardián durante siglos, y les es familiar. Hay en México mucho a quien temer más que al Popo..

Estos días, el fragor de la erupción, se me asemejaba al grito desesperado del guerrero vencido y aquella inmensa columna de vapores y fuego, a cuchillos de obsidiana que se elevaban para atravesar un corazón. Como en un cruento sacrificio ritual de los aztecas.

viernes, 2 de septiembre de 2011

EGIDIO GAVITO. CIEN AÑOS DE UNA ESTATUA.



A veces me pierdo, queriendo perderme, por los rincones de mi tierra, de mi concejo. Siempre se descubre algo nuevo. Algo que, con seguridad, ya habías visto muchas veces, pero en lo que no te habías fijado con detalle.

Yo, me he sentado muchas veces en el parque de Poo, mientras esperaba que mi mujer saliera de los talleres donde da rienda suelta a sus aficiones en el centro de artesanía…Un día, por casualidad, o quizá porque algo me estaba llamando, me fijé en la estatua que preside el parque. Era un señor, sentado, de proporciones grandes. Era alguien del que yo no conocía nada. Me acordé de la estatua que hay en mi pueblo (Panes) de don Ángel Cuesta Lamadrid. Sólo es un busto. Yo, de crío, la miraba y la miraba. No sabía nada del personaje, ni sabía por qué estaba allí. Pero me atraía. Un día le pregunté a mi padre y su respuesta no me satisfizo en nada: “Era un indiano”…No. Yo sabía que esa no era la razón. En mi tierra hubo muchos indianos, pero pocos fueron meritorios de una estatua en su pueblo.

La de Poo es una estatua de un hombre, como meditabundo que no se sabe donde mira. Me recordó a la de Ramón de Campoamor, en Navia, que, siendo crío, había conocido y me había impresionado. Siempre tuve yo atracción por las estatuas….

De Ramón de Campoamor, conocí luego (en mis años de bachillerato) sus “Doloras” y “Pequeños poemas”. Yo discutía con mis compañeros de colegio (cántabros casi todos) quien era el mejor poeta. Nunca me acobardé. Yo sabía que Campoamor no me iba a defraudar. ¿Cómo iba a hacerlo?

Me contraponían autores montañeses (fenomenales) a los que yo les profeso admiración. Uno de ellos era José del Río Saiz (Pik), que tiene su estatua, en Santander, inmensa, por tamaño, y porque se la merece, bajando al Sardinero, junto al “Camello”.

Pero no quiero apartarme de lo que quiero escribir hoy. En estos días hace cien años que se inauguró la estatua de Egidio Gavito en el pueblo de Poo de Llanes, su pueblo. Esa estatua que, un día, a mi me llamó la atención, es la que traigo hoy a mi comentario.

Traté de saber quien era el personaje. Y tengo muchos apuntes sobre su biografía. Traté de saber quien había sido el autor de esa, para mí, obra del arte escultórico, olvidada y poco visitada. Algo me atraía a mirar aquella efigie.

Quien fue Egidio Gavito Bustamante no lo voy a descubrir yo. Quien no lo sepa es porque nunca ha leído una página, ni de un periódico. Cosa frecuente y nada extraña.

Hace dos o tres años, me envió mi querido amigo, José Ignacio Gracia Noriega, un libro suyo al que ya he dado muchas vueltas. Es una biografía del escultor Sebastián Miranda. Su título: “Vivir de milagro”. Siempre he agradecido a Nacho ese libro, como otros que me dedicó y guardo con cariño. Sebastián Miranda, el célebre autor del “Retablo del Mar”, es también el artífice de la estatua de Egidio Gavito en Poo de Llanes.

Según nos cuenta Ignacio en este libro, fue la primera obra de envergadura del escultor asturiano. A Miranda le gustaba más la escultura de proporciones pequeñas y mostró reticencias para su realización. Un arquitecto amigo le convenció al fin y acometió la obra.

Como documento gráfico, sólo disponía don Sebastián de una fotografía del insigne personaje, y modeló la escultura como Dios le dio a entender. Por eso, siempre se dijo que el hombre inmortalizado en bronce no tenía mayor parecido con el prohombre llanisco al que su tierra quería honrar.

Fue don Fermín Canella, el célebre asturianista y rector de la Universidad de Oviedo, el encargado del discurso de la inauguración del monumento. Sebastián Miranda estaba satisfecho. No había críticas negativas a su creación y la concentración, alrededor de su escultura, de personas de las inmediaciones era grande. Don Fermín Canella, su antiguo profesor de Derecho, había elogiado al escultor con palabras elocuentes y cariñosas.

Pero algo “picaba” en los adentros de don Sebastián. Por eso, al finalizar los actos, se encontró con un policía local lo suficientemente viejo como para haber conocido al ilustre que quedaba inmortalizado, y le pregunto:

-Oiga, paisano ¿Conoció usted al señor de la estatua?
-Sí, señor. Y “lu traté muchos años”.
-Y qué: ¿Se le “paez” algo…?
-No, señor; no se le “paez” en na…..
-¿Ni en las manos..?
-Ni en las manos ni en na.., carajo….

Después de esta experiencia, don Sebastián Miranda no insistió más en esta modalidad escultórica. “Reconozco, comentaba en alguno de sus escritos, que Dios no me ha llamado por este camino”.

Por ese, o por otros caminos, lo cierto es que don Sebastián nos ha dejado una obra preciosa; escultórica y literaria. Y una riquísima biografía poco conocida. Quizá, como ha ocurrido tantas veces, tenga que llegar un hispanista inglés a descubrirla.