lunes, 6 de octubre de 2008

LORCA: NI EL ÚNICO NI EL ÚLTIMO

Pocas dudas me van quedando de que todo esto de la Memoria Histórica y de la búsqueda de fosas con los cuerpos de republicanos asesinados por el bando franquista, no tiene más objetivo que la revancha y el remover de forma enfermiza, más que tierra, viejos rencores y terroríficas historias sufridas por unos y por otros durante la Guerra Civil de 1936.

De paso, también, y en contra de voluntades, tratar de subir a pedestales de barro, que no se sostendrán en la historia, a personajes de la izquierda que no hicieron más méritos que, por desgracia, morir en una guerra civil como miles y miles de españoles de uno y otro bando, unos por las balas del frente de batalla y otros por las balas más mortales del odio y la venganza personal en la retaguardia.

La izquierda lleva años reprochándole al franquismo la mitificación de sus muertos, pero intenta hacer lo mismo con los suyos en un alarde sin precedentes y cayendo en la más vil de las venganzas que puede traer, como consecuencia, reavivar el cainismo tan presente a lo largo de nuestra historia.

Un pasaje normal y corriente de la Guerra Civil, aunque doloroso y vergonzante como tantos otros, se produjo el amanecer del 18 de agosto de 1936. Guardias civiles, cumpliendo órdenes del gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán, sacan a Federico García Lorca junto a dos banderilleros y a un maestro nacional, y los encaminan hacia un barranco junto al camino de Viznar a Alfacar. Son ejecutados, y sus cuerpos permanecen, desde entonces, en una fosa común por aquel entorno.

Existe un especial empecinamiento, por parte del juez Garzón, en localizar esta fosa y sacar a la luz el cadáver de Lorca, aún en contra de los deseos familiares que no quieren turbar el descanso del poeta. Al final, la tierra de su cuerpo forma ya parte de la tierra de España a la que amó apasionadamente.

¿Qué iba a cambiar en Federico García Lorca, si sus huesos cambian de aposento? Lorca es, quizá, el más internacional de nuestros poetas y del que más se ha escrito y se ha estudiado. A Lorca no le falta ningún reconocimiento, ni por parte del mundo de la cultura, ni por parte del pueblo español, de cuyo patrimonio forma parte inseparable. ¿Qué puede significar una tumba en un sitio concreto, si la de Federico está en toda España? Por los campos, por los ríos, por las plazas de toros, por las serranías, por el Darro y el Genil, por todos sitios retumban sonoros sus versos y su memoria.

Federico no fue la única víctima de aquel horror que nos empeñamos en reavivar. Fue una gota más en el mar de sangre que se asentó en los campos de España. Vale ya de querer emplearlo como simple símbolo de un bando. Lorca es de todos, aunque unos lo pretendan sólo para sí mostrando la más dura y más salvaje de las intolerancias, como las que al propio Lorca llevaron, sin saberlo, a la inmortalidad.

Junto a él murieron otras tres personas más, ignoradas y menos buscadas. Estos quizá no valían para símbolos. Se trataba de dos banderilleros y de un maestro nacional, Dióscoro Galindo, el maestro cojo. Tampoco tuvieron más mérito que ser asesinados por pertenecer a un determinado bando, y quizá ni eso. Fueron, como decía, unos más del casi millón de víctimas de la vergonzosa contienda.

Hoy, a Dióscoro Galindo, el maestro cojo que nació en Ciguñuela (Valladolid) y que a los cuatro años fue llevado por su familia a Madrid, donde se trasladaron a vivir, nadie lo recuerda en el pueblo. No hay un vecino entre los 391 actuales que le haya conocido. Sin embargo, por el simple hecho de haber sido fusilado junto a Lorca, su pueblo natal pretende hacerle un homenaje, cuestión que ha dividido al pueblo castellano que ve con incredulidad y asombro esta pretensión y como se olvidan de otros siete vecinos de ambos bandos que también perdieron la vida en la guerra.

Este es un ejemplo de las consecuencias de la aplicación de esta Ley incomprensible y sectaria.

Lorca, que según sus propias palabras: “Canto a España y la siento hasta la médula”, seguro que se está revolviendo en su fosa ignorada y olvidada, al igual que los dos banderilleros y el maestro cojo. Se estarán revolviendo viendo que España no ha aprendido nada, y pedirán a Dios que nadie vaya a engrosar nuevamente su fosa de paz.

¡Ay, España! Miles de años de historia no te han servido para nada. Tierras de Caín para las que Dios no mira.

viernes, 3 de octubre de 2008

EL OTOÑO

Al llegar estas fechas recuerdo que, ya desde niño, me asaltaba un sentimiento de cierta tristeza que no sabía explicarme. Duraba apenas unos días, hasta que de forma inconsciente ibas asumiendo el cambio estacional y te ibas introduciendo, sin darte cuenta, en el ambiente otoñal ya enfilando el invierno.

En aquellos años, una de las razones de aquella tristeza era, sin duda, el final de las vacaciones estivales. El internado (de los de aquella) esperaba nuestra llegada para tres largos, larguísimos meses. Había que dejar el pueblo, el querido pueblo, los amigos y los juegos despreocupados. Se acababa la libertad. Pero no era ésta la única causa, yo sabía que existía algo más que influía en mi decadencia de estado de ánimo.

Poco a poco, sin darme cuenta, iba identificando algunas de aquellas razones, y recuerdo una de ellas que se materializaba en una imagen que, desde entonces, siempre he querido contemplar para volver a sentir aquellas sensaciones que me suscitaba en mi infancia y juventud. Era la imagen de una bolera cubierta de hojas secas y amarillas que el otoño iba desprendiendo de los árboles circundantes. Un bolera sin actividad, sola, sola como los muertos, silenciosa y descuidada. En algún rincón e veía algún trozo de madera que en algún tiempo había sido bola, totalmente perdida su configuración esférica a fuerza de muchas partidas y de los castañazos que al chocar contra los bolos producían el “retingle”.

Aquella era una imagen triste que te contagiaba cierta melancolía, pero que hoy, en este mundo que casi te roba hasta las sensaciones, te gusta rememorar porque, de alguna forma, sientes que sigues vivo y que aquellas cosas sencillas y naturales que de joven te emocionaban, siguen ahí, lo que pasa es que hay que aprender a verlas de nuevo.

Había más razones para aquella pasajera melancolía. Un buen día amanecía lloviendo y sin color, como una película en blanco y negro, y sentías por primera vez sensación de frío. Empezabas a notar que la gente ya no estaba, que habían regresado a sus lugares de residencia una vez concluidas sus vacaciones y, entonces, empezabas a asumir la realidad de que el verano había finalizado y te sentías triste y desilusionado, y veías muy lejos el próximo.

El otoño y el invierno son largos en nuestra tierra del norte, pero no están exentos de belleza y atractivos. Los verdes se tornan en ocres maduros dando al paisaje un tono añejo y cansado. Los prados emanan aromas distintos traídos por la lluvia y los vientos y hay más calma y más paz.

Toda la naturaleza se disfruta más porque la sentimos más próxima, más nuestra. Debo confesar que antes, de más joven, no sentía yo tanta atracción por la naturaleza. No apreciaba los matices propios de cada estación y de lo que en cada una es susceptible de admirar y disfrutar. Tampoco es que ahora me haya convertido en un cruzado de la causa, pero sí que le doy más mérito y la aprecio mucho más. Antes estaba ahí, vivías entre ella, con los plátanos de ramas entrecruzadas del paseo y con los chopos de la bolera. Vivías entre los castaños y los eucaliptos y te eran familiares las saucedas de la orilla del río y los alisos y los avellanos, las hayas, los cerezos, los manzanos, los robles. Pero aquello era lo normal, lo natural, estaba ahí desde siempre como un mueble de tu propia casa y, precisamente por eso, no le dabas el merecido aprecio. Hoy hay que extremarse en cuidarlos y conservarlos, y quizá por eso añoras aquellos tiempos pasados, y quizá por eso te gusta más.

Es cierto que los pueblos, en esta época se quedan más solos y más tristes, que la vida se hace más monótona y pausada, que la lluvia y el frío nos incomodan y que echamos de menos el bullicio del verano, las playas y las fiestas, pero si queremos, si lo intentamos, hallaremos los aspectos bellos y positivos que esta época nos brinda.

Los poetas y los artistas, en general, se inspiran más en estas estaciones más proclives a la melancolía y al romanticismo, donde las dotes creadoras se subliman. La lluvia, el viento, la nieve, las tormentas o el mar encrespado por los elementos, son ingredientes utilizados en muchas creaciones artísticas. Por eso, no debemos empeñarnos en ver solamente la noche, la parte oscura, hemos de abrir los ojos y aprender a ver la luz de lo que nos rodea.

Con los años, los cambios de toda naturaleza que la vida nos impone, nos ciegan o nos hacen ver las cosas de formas muy distintas, y nuestros gustos e inclinaciones van cambiando. Determinadas circunstancias adversas, o simplemente la presión y la lucha que a diario hay que soportar, te apartan de muchas cosas y, tristemente, te vendan los ojos de la imaginación y la fantasía.

Yo siento no sentir ya aquellas naturales e infantiles sensaciones de entonces, y siento que la vida, aunque me haya dado muchas cosas, me haya truncado más de una ilusión. Pero voy a intentar –aún no es tarde- jugársela con mi empeño en revivir y mi afán irrenunciable de volver a sentirlas.

DESTRUIR EL IDIOMA CASTELLANO

Los ataques al idioma común, el español o castellano, que se vienen produciendo desde hace años por parte de los nacionalismos, es de una irresponsabilidad supina.

Cuando el objetivo de alguien es destruir un país, una unidad milenaria en la pluralidad y diversidad de sus regiones y sus gentes, que se viene sustentando en elementos fundamentales como el idioma común, no hay mejor estrategia que bombardear estos elementos. Esa es la estrategia de quienes desean la desintegración de España y es al idioma, como elemento de unión, al que atacan con saña desesperada.

Pero hay un último responsable de esta traición que es el Gobierno de ese país despreciado y atacado. Un gobierno débil y sin rumbo, del que se aprovechan los agresores para lograr sus rastreros objetivos. Un gobierno que tiene el sagrado deber de conservar la unidad de la nación y la pervivencia de sus culturas, y que no está haciendo nada por contener estos ataques por ser presa de esas minorías que le mantienen, de forma indigna, en la poltrona del poder.

El idioma español, o castellano, que hablan cientos de millones de personas en todo el mundo, y que es punto de referencia para muchas culturas y países, en España se le ataca y se pretende su desaparición de algunas de sus regiones emblemáticas.

Para lograr esto se emplea la fuerza, la coacción, la amenaza, la violencia y cualquier instrumento válido, aunque impropio de una democracia occidental, inundando de vergüenza e incomprensión a propios y a extraños.

Cuando la libertad no existe, nada más que en papeles sin valor, porque nadie se lo da –léase Constitución o Estatutos Autonómicos- se pueden lograr los objetivos por imposición, proceder propio de las dictaduras más violentas a los que estos falsos libertadores emulan hasta en la febril manipulación de los símbolos.

El presidente del Gobierno de España, haciendo alarde de su facilidad y afición a la mentira y al timo de la estampita, aseguró en una entrevista de prensa en abril de 2006, que “aunque haya un solo caso (de padres que no puedan educar a sus hijos en castellano) hay que intervenir.

Hoy tiene el señor Presidente, no uno, sino cientos de casos, públicos y denunciados, en muchas escuelas de estos territorios nacionalista, y aún no ha movido un dedo para evitarlos. Ni lo movió, ni lo moverá, y de esta forma, se convierte en un auténtico cómplice de los abusos y ataques a las bases de la unidad nacional.

Es en los colegios, entre los niños, donde más se realiza esta labor de “zapa”. Hasta en eso muestran su cobardía. Ahí tiene Zapatero diversidad de ejemplos de la discriminación lingüística que se practica. Ahí y en los establecimientos comerciales y empresas, que es donde los gobiernos nacionalistas pueden ejercer su cobarde influencia. En unos casos por tratarse de niños que si piden agua o pis a sus profesores en español, tienen la consigna de “ignorarlos”, y donde les dan en lengua local hasta las clases de inglés. En los establecimientos comerciales, el abuso y la falta de libertad es manifiesta; no les permiten ni un rótulo en español, y de no acatar las órdenes, pueden tener consecuencias muy negativas para su negocio. Esto ha hecho que muchos industriales y muchos padres de niños en edad escolar, tuviesen que abandonar estos territorios.

Por poner un ejemplo, la Generalitat de Cataluña se gastó en 2007, 157 millones de euros para fomentar el uso del catalán, de los cuales 20 millones fueron a parar a medios de comunicación afines. El Instituto Cervantes, que se encarga de la difusión del español en el mundo, sólo dispuso de 81 millones, lo cual es una auténtica vergüenza se mire por donde se mire.

Este despilfarro de dinero público, que se dice empleado en la promoción del catalán, tiene otro destino más claro: la destrucción del idioma español, y de esto hay un culpable que es el Gobierno de la Nación, que no mira los intereses comunes sino sus propios intereses que le puedan permitir seguir hundiendo a España.

Con los 157 millones despilfarrados por el gobierno catalán, se podría cubrir, por ejemplo, la partida destinada a la administración del Patrimonio Histórico Nacional, que el año próximo contará con 143 millones de euros.

España está en crisis, pero son muchas crisis las que padece, no sólo la económica que, según parece por los datos anteriores, no preocupa mucho. El resto preocupa menos. Es una crisis de valores tan generalizada que ya ni nos llama la atención y pocos medios se ocupan de ella. Sin embargo esa es la crisis que nos puede llevar de nuevo al Guadalete.

jueves, 2 de octubre de 2008

FRANCO, CAUDILLO DE ESPAÑA

Ayer, 1 de octubre, se cumplieron 72 años de la exaltación de Francisco Franco a caudillo de España y generalísimo de los ejércitos, en plena guerra civil, cargos que no abandonaría hasta su muerte.

Se que está mal visto y peor admitido por la progresía de este país, andar hablando de Franco, porque se pretende borrarle de la historia y de la memoria, como ocurría con los antiguos faraones de Egipto cuando caían en desgracia. Ejemplo deberían tomar estos de ahora, pues en ningún caso lograron los egipcios borrar de las crónicas el recuerdo de aquellos monarcas, si bien fue más costoso, y hasta imposible a veces, recomponer su propio reinado. Pero sus nombres ahí están. Nada ni nadie pudo con su recuerdo.

Yo voy a recordar aquí, porque es historia de España, pese a quien pese, cómo llegó Franco a obtener el poder absoluto frente a otros generales que también tenían méritos, y quizá mayores, para haber obtenido la confianza de sus compañeros de armas que eran los que tenían la voz y el voto para tan transcendental decisión.

El 21 de setiembre, a las once de la mañana, se reúne la Junta de Defensa Nacional en el aeródromo de San Fernando, instalado en la finca de reses bravas de los Tabernero, cerca de Salamanca. También están presentes todos los generales con mando: Kindelán, Orgaz, Franco, Queipo de Llano, Saliquet, Mola, Gil Yuste, Cabanellas y Dávila.

Tras la muerte en accidente aéreo de San Jurjo, otro general debe ocupar su puesto como jefe de la rebelión. Salvo Cabanellas que propone la formación de un directorio de varios generales, todos opinan que es necesario el mando único de un generalísimo. Los candidatos son Cabanellas, Queipo de Llano, Mola y Franco. A Cabanellas y a Queipo los invalida su pasado republicano, además Cabanellas incluso fue masón. Mola es sólo general de brigada, por lo que queda Franco.

Kindelán y Mola insisten en el mando único, hasta el extremo de que el propio Mola llega a decir que si no se alcanza un nombramiento en ocho días, dice ahí queda eso y se va.

Yagüe, Millán Astray, Kindelán y el “hermanísimo”, Nicolás Franco, idean una estrategia para entregar a Franco el mando absoluto al que aspira.

Kindelán redacta un decreto en el que se le concede una potestad ilimitada al cargo de generalísimo, pero esa jerarquía llevará anexa la función de jefe del Estado “mientras dure la guerra”.

Al final, salvo con la oposición de Cabanellas, Franco resulta la opción más apoyada. “No saben lo que han hecho, comentó Cabanellas a Queipo. Si entregan el poder a Franco no habrá quien lo remueva del cargo cuando termine la guerra”. El general Orgaz comentará asimismo a Queipo, posteriormente: ¡Que error cometimos, Gonzalo! ¿Y a quien íbamos a nombrar?, replicaba Queipo. Cabanellas no podía serlo porque, además de republicano como yo, era masón, y todo el mundo lo sabía. Mola estaba desautorizado por los fracasos iniciales del alzamiento en el norte, y yo por mi pasado estaba muy desprestigiado. Franco, en cambio, había ido ganando puntos por sus operaciones desde África, la liberación del Alcázar, las campañas de Andalucía y Extremadura, y además sabía manejar la propaganda a su antojo con la ayuda de Millán Astray.

Hay un punto clave en todo este proceso de nombramiento de Franco. En su despacho de Salamanca, Nicolás Franco, con el asesoramiento jurídico de José Yanguas Messía, altera el texto del decreto redactado por Kindelán antes de enviarlo a la imprenta: Donde decía “jefe de Gobierno del Estado” escribe “jefe del Estado” y suprime la mención a la provisionalidad del cargo “mientras dure la guerra”. Ningún general se atreve a rechistar.

El 30 de septiembre la Junta de Defensa Nacional emite el decreto por el que nombra a Franco jefe del Estado español y Generalísimo de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire, cargos de los que tomará posesión al día siguiente, 1 de octubre de 1936.

Franco acababa de instalarse en la cumbre del poder. Un poder que, tal como pronosticara el general Cabanellas, ya no abandonaría hasta su muerte, el 20 de noviembre de 1975.

Lo que vino después, también es historia de España, pero hoy no corresponde aquí su relato.

miércoles, 1 de octubre de 2008

"ESPAÑA NO SE MERECE UN GOBIERNO QUE MIENTE"

Zapatero debería ser más prudente y no andar por ahí alardeando de la solvencia del sistema financiero español. Quizá sea un hecho cierto, y nos congratulamos de que así sea, pero tanto presumir puede llegar a dar que pensar.

Nuestro Gobierno ya empieza a ser conocido en el exterior por sus mentiras y sus engaños, por lo que muchos receptores de sus mensajes triunfalistas no se fían y tienden a tener ciertas dudas razonables al respecto de lo que se les intenta vender.

Zapatero ha aceptado nuestra parte alícuota en la ya inevitable crisis que se cierne, cual peste medieval, por gran parte de este mundo moderno, porque no le quedó más remedio dadas las evidencias, de lo contrario seguiría negándolo de la misma manera que niega la magnitud de la misma. No quiere darse cuenta que esto está empezando y de que sólo estamos en los primeros vientos fuertes del huracán. Morgan Stanley advertía hace pocos días que lo peor de la crisis en España, está por llegar.

Bien es cierto que Zapatero no debe andar por ahí diciendo que están dejando España como un campo en barbecho, su deber como presidente es otro, que para eso se le paga, pero conocida ya su afición por la mentira, mejor haría en ser más prudente y no emular a aquellos vendedores, charlatanes de feria, porque, como el sabe mejor que nadie, todo lo que se escupe suele caer en la boca.

Solbes intenta calmar a los españoles asegurándoles que sus ahorros no corren ningún riesgo, cosa que pocos dudan, o dudaban hasta la fecha, pero tanto empeño en resaltar la solvencia y garantía de nuestras instituciones bancarias, empieza a despertar cierto recelo entre los ahorradores.

Solbes es una de las primeras víctimas de la crisis. Parece imposible que un hombre de tan aparente seriedad y erudición dentro del sector económico, con una gran experiencia tanto en anteriores gobiernos de España, como en la Unión Europea, haya podido caer en las garras de un trilero como Zapatero. El vicepresidente y ministro de Hacienda, es posible que haya terminado su carrera política, y no víctima de la crisis económica, sino víctima del contagio zapateril que le ha llevado a interpretar un papel que no le correspondía, mintiendo y tergiversando la realidad ante un pueblo que tenía puestas, en sus conocimientos y pragmatismo, las esperanzas ante tan difícil situación.

Ayer el PP, pedía su dimisión, y no sería de extrañar que hasta el propio Zapatero se la exigiera para lavar su propia imagen y cagar sobre sus hombros todo el peso de la incompetencia y el desastre de la gestión presidencial.

Y digo esto porque próximamente tendrá lugar la entrevista Zapatero-Rajoy y sus correspondientes equipos económicos, y Rajoy, tras la petición de dimisión del vicepresidente económico, no vería adecuado tratar de estos temas con quien considera incapacitado para hacerlos frente con alguna probabilidad de éxito.

Zapatero necesita los apoyos populares ahora que ya no ve salida ni parches que aplicar a la crisis. Los necesita y los va a tener que pagar y Solbes pudiera convertirse en el chivo expiatorio.

Rajoy no va a la cita con toda la confianza necesaria. Las mentiras de ZP pesan en su disposición a colaborar y teme una encerrona, por lo que es de esperar que no muestre todas sus cartas en esta primera partida. Es otra consecuencia de la falta de sinceridad del Presidente y de la desconfianza que produce tanto timo y tanto engaño.

Tras el 11-M, cuando el gobierno de Aznar estaba aún sonado por los bombazos de Atocha y servía al pueblo español lo que se podía saber o suponer del atentado, información que le llegaba de los altos mandos policiales o del CNI, que daban mucha más a la oposición que al propio gobierno, el señor Rubalcaba, hoy ministro del Interior, saltándose vergonzosamente las leyes que obligan el día de reflexión, previo a cualquier consulta electoral, a no hacer ningún tipo de manifestaciones políticas, pronunció por radio y televisión aquella famosa frase: “ESPAÑA NO SE MERECE UN GOBIERNO QUE MIENTE”.

Nunca estuve tan de acuerdo con Rubalcaba. Tenía toda la razón del mundo. En lo que no estoy de acuerdo es en su falta de coherencia, pues un gobierno que, como el actual, se ha servido del engaño y la mentira para ganar unas elecciones, que sigue mintiendo porque no sabe hacer otra cosa, y encima se muestra soberbio y prepotente, no es digno de seguir al frente de un país como España. Siguiendo las propias tesis de Rubalcaba, deberían dimitir ya, y convocar nuevas elecciones.

Lo repito para que no se olvide: “ESPAÑA NO SE MERECE UN GOBIERNO QUE MIENTE” (Alfredo Pérez Rubalcaba – Ministro del Interior)

JUANÍN Y BEDOYA: LOS ÚLTIMOS EMBOSCADOS

Juan Fernández Ayala (Juanín).

Nunca me gustó a mí darles a estas gentes de quien les voy a hablar, el oficio de guerrilleros, aunque la mejor obra que sobre ellos se ha escrito así los denomine. Estos no practicaron la guerrilla política genuina, sólo pretendieron sobrevivir, como emboscados, al margen de una sociedad y de un sistema que los empujó al monte pero que, paradójicamente, aún no los ha olvidado.

Tenía yo nueve años, y me acuerdo perfectamente, cuando a principios del año 1957 la guardia civil mató a Juan Fernández Ayala (Juanín) en La Vega de Liébana, su pueblo natal, a treinta kilómetros del mío, Panes.

Juanín, junto con Francisco Bedoya Gutiérrez (Paco Bedoya), fueron los dos últimos guerrilleros que quedaban por los montes de la cornisa cantábrica a donde habían huido hartos de persecuciones, de palos y de trabajos forzados, buscando el amparo y la seguridad que en sus respectivos pueblos se les negaba.

Juanín, un buen día de los que iba, como tantas otras veces, a buscar agua al Deva para sus compañeros del Batallón de Trabajadores, desapareció. Se había lanzado al monte para unirse a una partida de supervivientes rojos que merodeaban por los montes de Liébana. Pero poco le duró esta compañía pues aquella partida se disolvió poco después, quedando él solo a su suerte en el monte sin poder salir de España, perseguido como un alimaña, obligado al robo y al secuestro para poder subsistir y burlando a las Fuerzas de Seguridad del Estado hasta su muerte.

Paco Bedoya, algo más joven que Juanín, había colaborado con la guerrilla como enlace desde los diez y seis años y fue apresado en una redada junto a la mayor parte de sus vecinos de Serdio (Cantabria), pueblo natal del escritor Gumersindo Laverde Ruiz. Inexplicablemente, logró escapar de prisión poco antes de que finalizara su condena y también se echó al monte allá por 1952, cuando la guerrilla tocaba a su desaparición. Al poco, logró contactar con Juanín pasando a ser ambos proscritos un auténtico quebradero de cabeza para los cercos policiales que les acosaban sin descanso.

Desde la muerte de Juanín, a principios de 1957, Paco Bedoya desapareció hasta que a finales del mismo año le interceptó la policía cerca de Castro Urdiales, en el Pontarrón de Guriezo, cuando se dirigía en moto a Francia en compañía de su misterioso cuñado, del que siempre se dijo que le había traicionado. Pero Bedoya era duro de pelar. Aún con varios tiros en el cuerpo remontó las escarpaciones de al lado de la carretera a punta de pistola y se tardó algunos días en encontrarle medio muerto. Cuando fue localizado por la policía murió a resultas de un supuesto tiroteo, si bien investigaciones actuales prueban que Bedoya disparó un solo tiro contra decenas disparados por las fuerzas del orden. Hoy está enterrado en Castro Urdiales

Juanín encarnaba al bandolero romántico que robaba, sí, pero también ayudaba mucho. Paco Bedoya, por el contrario, tenía fama de más duro y de peores pulgas. De hecho yo recuerdo que siempre se decía: Juanín lo que debería hacer es entregar a Bedoya y a él seguro que le perdonan.

Y es que Juanín tenía simpatías entre el pueblo, y la muestra fue la cantidad de gente que asistió a su entierro en Potes, circunstancia que hizo actuar a la guardia civil de forma contundente en algunos momentos. Como que les jodía el reconocimiento popular hacia aquel bandido que tanto les hizo arrastrar el culo por los montes, tantos sueños les quitó y tanto miedo les hizo pasar.

Juanín murió por mala suerte. Había ido aquella noche a visitar a su anciana madre a La Vega de Liébana. Era una noche oscura, invernal y cuando salió de casa, junto con Paco, la guardia civil les echó el alto sin conocerles. Juanín y Paco, se escondieron donde pudieron. No había ninguna visibilidad y los guardias dispararon a mansalva hacia donde escuchaban algún ruido, hasta que acabaron la munición. Estos se escondieron, a su vez, hasta el amanecer que fue cuando vieron, no lejos de ellos, el cuerpo sin vida de Juanín, al que un principio no conocieron. De Bedoya ni rastro.

Días después, mandos policiales dijeron a los familiares de Juanín que éste había muerto de un tiro en la nuca, en un intento de hacerles creer que Juanín había sido asesinado por Bedoya e intentando así que les facilitaran cualquier información que les llevara a una pronta captura del huido. Pero la familia de Juanín no tragó.

Vivieron como pudieron. Es seguro que aquella forma de vida no fue elegida por simple gusto, pero el destino marca y obliga.

Murieron como tenían que morir. Como moría la gente que en aquellos tiempos había elegido aquel camino, a tiros. Sin embargo su recuerdo aún permanece fresco y, si me apuran, respetado.

De niños, no voy a decir que fueran nuestros ídolos pero sí, de alguna manera, formaban parte de nuestra corte de héroes legendarios. A veces, cuando nos alejábamos un poco del pueblo, siempre había alguno que sacaba el miedo: “A ver si nos vamos a encontrar con los emboscados”. Pero siempre había otro que decía: “Pero si no hacen nada, son buenos. No hace mucho los encontró mi padre en Orgaya y sólo le dijeron: no diga usted nada que ya sabemos donde vive”.

Mi madre también nos avisaba: “mirar por donde vais porque si os cogen los emboscados no volvéis a aparecer nunca más”. Hombre, también a los niños de Flandes les metían miedo con el Duque de Alba. Las madres siempre encuentran argumentos para intentar disuadirnos de nuestras travesuras infantiles.

A la sombra de estos personajes también se cometieron atracos y robos por distintos pueblos, y otra serie de hechos delictivos. No era difícil dar o simular un atraco y echarles la culpa a los emboscados. Al día siguiente se llenaba el lugar de coches de la guardia civil. Guardias y más guardias con perros amaestrados. Y nada; nada de nada.

Yo he llegado, posteriormente, a conocer alguna mujer de mi zona que “aligeraba” determinadas necesidades, tanto a emboscados como a guardias y que, mientras un guardia “taca, taca”, Juanín y Bedoya le estaban observando desde un escondite de la propia casa. Vean ustedes las ganas de matar que podrían tener….

Si hoy hubiesen vivido, hubieran sido héroes de verdad.